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En la provincia de Soria, la trufa negra se presenta siempre sobre litologías calizas o areniscas con cemento calizo.
La
vegetación es siempre un bosque de encina, puro o mezclado con otras especies,
entre las que destacan: el quejigo (Quercus faginea), el pino (Pinus
pinaster, Pinus sylvestris, principalmente), o el enebro (Juniperus
thurifera). De estudios previos realizados, se calcula que la
superficie potencial trufera para la provincia de Soria representa
el 20% de la superficie forestal provincial. Estos bosques, presentan, además la peculiaridad de que son bosques abiertos sobre suelos pobres y poco evolucionados. Estos lugares se consideran en los mapas de productividad potencial como "no productivos", ya que no son aptos para la agricultura, no hay crecimientos maderables considerables y ni tan siquiera presentan un pastizal adecuado para la ganadería. Pero esta afirmación sería cierta si, efectivamente, no consideramos a las trufas.
Cualquier cambio en estas condiciones extremas provoca, sin embargo, la
desaparición del hongo de la trufa. De esta manera, la mayoría de los
sitios productores de trufa son bordes de zonas de cultivo, zonas cultivadas
antiguamente, carboneras (zonas donde se hacía carbón), caleras (zona
donde se obtenía cal), zonas con intenso pastoreo, barrancos, lomas y
colinas con pendiente, etc. En estos calveros o quemados, la escasa vegetación que logra colonizarlos se seca, quedando el suelo prácticamente desnudo. Este hecho se explica por la acción competitiva y herbicida del propio micelio en contra de las plantas competidoras del árbol simbionte. No obstante, determinadas especies subsisten en este tipo de terrenos, lo que tiene una enorme importancia desde el punto de vista de la diversidad del ecosistema.
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